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lunes, 16 de julio de 2007
EGOFAGISMO
La egofagia es cuando el Ego de uno se come a uno mismo. Es una enfermedad que produce ombliguismo agudo.
La padecen los políticos, pero es MUUUUY contagiosa.
La padecía Alfredo el represor. Se la contagió a esos buenos chicos de izquierda unida que no saben que postura tomar...pero la epidemia avanza y nadie, ni asambleas siquiera,e stán del todo libres de contagio.
El flamante delegado del Distrito Centro, con sus trajes de comunista capillita venido a menos, se cree especialista en torear toros que ne verdad ni ve venir. En la Alameda se cree capaz de quedar bien con los vecinos, con la prensa, con los polis locales y hasta con los jovenes "alternativos".
http://estrecho.indymedia.org/media/all/display/9486
Dice Torrijos que la Alameda es suya, que no se la estropeen (¿estropearla no es enlosarla de cemento sucio-amarillento, quitar los cines de verano, edificar kioscos enormes, quitarle los bancos, erradicar cualquier seto, etc..?). Y su cachorro manda a su gente a "controlar" a la policía. Orgullosos están: con cincuenta polis dicen que consiguieron evitar a la vez la botellona y la represión. Endiosados están pa no darse cuenta de que la ocupación policial es cara, provisional y...un pelín represora, ¿no?
En fin, que el virus se contagia. Hasta los movimientos vecinales y sociales se llenan de gente. Basta ver su nombre en la (interesada) portada de algún periódico que los utiliza de ariete contra alguien; basta que los reciba un grupo municipal; basta que los inviten a un debate nocturno en una tele local. De pronto todos (y todas) son protagonistas, todos quieren negociar, todos hablan de estrategia, se controlan, se contienen...se pierden discutiendo.
La calle es de quien la usa, más que de quien la habla. La calle no es una pancarta (¿minipancarta en un minibalcon lejano despues de años de debate?) sino una realidad abierta, sin estructuras, dinámica.
Hay que compaginar que los vecinos durman y que la gente use la plaza y se encuentre y hable y socialice en ella a muchas horas. Está claro. Pero no se consigue negociando en el Ayuntamiento, sacando pecho en la tele o debatiendo estrategias en una biblioteca okupada. eso se hace dia a dia, en silencio, en la calle.
Si hasta los videos ahora sond e ellos mismos charlando, oiga!!!
La padecen los políticos, pero es MUUUUY contagiosa.
La padecía Alfredo el represor. Se la contagió a esos buenos chicos de izquierda unida que no saben que postura tomar...pero la epidemia avanza y nadie, ni asambleas siquiera,e stán del todo libres de contagio.
El flamante delegado del Distrito Centro, con sus trajes de comunista capillita venido a menos, se cree especialista en torear toros que ne verdad ni ve venir. En la Alameda se cree capaz de quedar bien con los vecinos, con la prensa, con los polis locales y hasta con los jovenes "alternativos".
http://estrecho.indymedia.org/media/all/display/9486
Dice Torrijos que la Alameda es suya, que no se la estropeen (¿estropearla no es enlosarla de cemento sucio-amarillento, quitar los cines de verano, edificar kioscos enormes, quitarle los bancos, erradicar cualquier seto, etc..?). Y su cachorro manda a su gente a "controlar" a la policía. Orgullosos están: con cincuenta polis dicen que consiguieron evitar a la vez la botellona y la represión. Endiosados están pa no darse cuenta de que la ocupación policial es cara, provisional y...un pelín represora, ¿no?
En fin, que el virus se contagia. Hasta los movimientos vecinales y sociales se llenan de gente. Basta ver su nombre en la (interesada) portada de algún periódico que los utiliza de ariete contra alguien; basta que los reciba un grupo municipal; basta que los inviten a un debate nocturno en una tele local. De pronto todos (y todas) son protagonistas, todos quieren negociar, todos hablan de estrategia, se controlan, se contienen...se pierden discutiendo.
La calle es de quien la usa, más que de quien la habla. La calle no es una pancarta (¿minipancarta en un minibalcon lejano despues de años de debate?) sino una realidad abierta, sin estructuras, dinámica.
Hay que compaginar que los vecinos durman y que la gente use la plaza y se encuentre y hable y socialice en ella a muchas horas. Está claro. Pero no se consigue negociando en el Ayuntamiento, sacando pecho en la tele o debatiendo estrategias en una biblioteca okupada. eso se hace dia a dia, en silencio, en la calle.
Si hasta los videos ahora sond e ellos mismos charlando, oiga!!!
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Ley antibotellón
jueves, 22 de febrero de 2007
miércoles, 21 de febrero de 2007
CARTA DE UN PROFESOR SEVILLANO SOBRE LA LEY ANTIBOTELLÓN
Había oído hablar del tema pero, bueno, como todas las injusticias de la vida, hasta que uno no las vive en su propia carne, no puede dar fe de la dimensión de las mismas. El viernes pasado viví la represión policial que está acompañando la celosa aplicación de la ley antibotellón en Sevilla, así como la violencia verbal, represora y física ejercida por algunos antidisturbios, auténtica deshonra del excelente cuerpo de policía de la ciudad de Sevilla. Para los que me conocéis en mi doble faceta: el chándal para ensayar en mis cofradías, ir al súper o estar por casa o el nuevo look de profesor universitario en Bruselas (pantalones y chaqueta de pana, acompañados de una camida), os diré que estaba ataviado con la segunda y acompañado por mi director de tesis y su novia. Y durante la noche había bebido tres cervezas, por lo que puedo asegurar que estaba completamente sobrio.
Ocurrió a las 2:10 de la mañana o quizás, a las 2:30, a la salida de la Espuela, al lado de la Alfalfa. Íbamos de regreso a casa y estábamos saludando a unos amigos (ella, profesora en la Universidad de Sevilla, y él, su pareja, profesor en una universidad de París) en la puerta del bar. Llevábamos tres minutos hablando cuando vimos venir a los antidisturbios ataviados con un casco e intentando obligando de muy malas maneras a circular. Los municipales iban detrás aguantando el papelón de ir acompañando a algunas de estas bestias que nada tienen que envidiar a los tan famosos grises, que afortunadamente yo no conocí hasta el viernes, encarnados en algunos de los que vi disfrazados de antidisturbios en Sevilla.
Sigamos con la historia, cuando yo miré alrededor y vi que nadie de los que me rodeaban ni las otras decenas de personas que allí estábamos estaba bebiendo. Se trataba simplemente de cuatro grupos de diez o quince personas hablando en la puerta del bar, mientras esperan a alguien, deciden a qué bar van, etc. Le dije al policía algo así como "pero si no estamos bebiendo". A lo que él me respondió de mala gana circulen, cuando se lo repetí de muy buenos modos, me dijo que el derecho de reunión no estaba permitido (lo cual me dejó patidifuso y con ganas de conocer el texto de la ley) y por la actitud de su cuerpo deduje que a la próxima me llevaba el porrazo, así que quise seguir discutiendo. Yo estaba indignado y comentando incrédulo con quienes me acompañaban el sesgo fascista de la medida y que no había derecho, pero todos me advirtieron que era mejor irse porque era obvio que nada bueno me esperaba si abría la boca otra vez.
Con el rabo entre las piernas, avergonzado, vejado, salí de allí. Los tiempos de héroe quizás se me han pasado y, bueno, en fin, sabía que cualquier reclamación pidiendo el número de placa me hubiera llevado a comisaría calentito y con una denuncia por resistencia a la autoridad (como me han comentado que le ha ocurrido a otros). Mientras salíamos, un grupo de antidisturbios ataviados ya con escudos y porra en mano se aprestaban a despejar a los posibles valientes de una manera algo más expeditiva. No sé si el primer antidisturbio que me habló tenía una porra o no, juraría que le vi moverla mientras me hablaba de la prohibición del derecho de reunión, pero en todo caso, su violencia verbal e intimidatoria da asco.
Creo honestamente que hasta los padres más conservadores de Sevilla creen que se ha pasado del blanco: dejar actuar impunes a los jóvenes, poner la música a todo volumen, orinar en las esquinas y cortarles las calles para que realicen el botellón fastidiando a un sinfín de vecinos; al negro, intentar acabar a palos con toda concentración pacífica de personas y el ambiente de noche de una ciudad turística y que se preciaba de ser tolerante, respetuosa y acogedora. Estoy seguro de que si los municipales nos hubieran dicho a los que allí estábamos el viernes pasado que estábamos molestando a los vecinos, con nuestra charla (lo cual podría ser hasta cierto, aunque se trataba de unas escasas cuarenta personas) nos hubiéramos ido o entrado en el bar, pero mandar a estas bestias uniformadas que, además, como saben todos los policías municipales de Sevilla no son de nuestra ciudad, no es de recibo.
Del mismo modo, si estamos incumpliendo la ley que nos pidan los DNI y nos multen, pero que no se nos nieguen derechos y se nos reprima. Por Dios. Mira que somos exagerados.... Pero es que esta exageración del viernes roza el abuso fascista de poder. Sé que todos los antidisturbios no son así y que, ESO ES LO PEOR, cumplen órdenes, pero quiero pensar que la falta de inteligencia de muchos o su contacto con ultras y violentos de verdad no les permite intercambiar dos frases con un ciudadano sin sentirse amenazados y recurrir a la coacción violenta, y no que las órdenes que reciben son: echar a palos a toda persona que esté hablando con otra por la noche en cualquier punto de la ciudad.
Desde Bruselas, un sevillano indignado
---
Fernando Díaz Ruiz
Ocurrió a las 2:10 de la mañana o quizás, a las 2:30, a la salida de la Espuela, al lado de la Alfalfa. Íbamos de regreso a casa y estábamos saludando a unos amigos (ella, profesora en la Universidad de Sevilla, y él, su pareja, profesor en una universidad de París) en la puerta del bar. Llevábamos tres minutos hablando cuando vimos venir a los antidisturbios ataviados con un casco e intentando obligando de muy malas maneras a circular. Los municipales iban detrás aguantando el papelón de ir acompañando a algunas de estas bestias que nada tienen que envidiar a los tan famosos grises, que afortunadamente yo no conocí hasta el viernes, encarnados en algunos de los que vi disfrazados de antidisturbios en Sevilla.
Sigamos con la historia, cuando yo miré alrededor y vi que nadie de los que me rodeaban ni las otras decenas de personas que allí estábamos estaba bebiendo. Se trataba simplemente de cuatro grupos de diez o quince personas hablando en la puerta del bar, mientras esperan a alguien, deciden a qué bar van, etc. Le dije al policía algo así como "pero si no estamos bebiendo". A lo que él me respondió de mala gana circulen, cuando se lo repetí de muy buenos modos, me dijo que el derecho de reunión no estaba permitido (lo cual me dejó patidifuso y con ganas de conocer el texto de la ley) y por la actitud de su cuerpo deduje que a la próxima me llevaba el porrazo, así que quise seguir discutiendo. Yo estaba indignado y comentando incrédulo con quienes me acompañaban el sesgo fascista de la medida y que no había derecho, pero todos me advirtieron que era mejor irse porque era obvio que nada bueno me esperaba si abría la boca otra vez.
Con el rabo entre las piernas, avergonzado, vejado, salí de allí. Los tiempos de héroe quizás se me han pasado y, bueno, en fin, sabía que cualquier reclamación pidiendo el número de placa me hubiera llevado a comisaría calentito y con una denuncia por resistencia a la autoridad (como me han comentado que le ha ocurrido a otros). Mientras salíamos, un grupo de antidisturbios ataviados ya con escudos y porra en mano se aprestaban a despejar a los posibles valientes de una manera algo más expeditiva. No sé si el primer antidisturbio que me habló tenía una porra o no, juraría que le vi moverla mientras me hablaba de la prohibición del derecho de reunión, pero en todo caso, su violencia verbal e intimidatoria da asco.
Creo honestamente que hasta los padres más conservadores de Sevilla creen que se ha pasado del blanco: dejar actuar impunes a los jóvenes, poner la música a todo volumen, orinar en las esquinas y cortarles las calles para que realicen el botellón fastidiando a un sinfín de vecinos; al negro, intentar acabar a palos con toda concentración pacífica de personas y el ambiente de noche de una ciudad turística y que se preciaba de ser tolerante, respetuosa y acogedora. Estoy seguro de que si los municipales nos hubieran dicho a los que allí estábamos el viernes pasado que estábamos molestando a los vecinos, con nuestra charla (lo cual podría ser hasta cierto, aunque se trataba de unas escasas cuarenta personas) nos hubiéramos ido o entrado en el bar, pero mandar a estas bestias uniformadas que, además, como saben todos los policías municipales de Sevilla no son de nuestra ciudad, no es de recibo.
Del mismo modo, si estamos incumpliendo la ley que nos pidan los DNI y nos multen, pero que no se nos nieguen derechos y se nos reprima. Por Dios. Mira que somos exagerados.... Pero es que esta exageración del viernes roza el abuso fascista de poder. Sé que todos los antidisturbios no son así y que, ESO ES LO PEOR, cumplen órdenes, pero quiero pensar que la falta de inteligencia de muchos o su contacto con ultras y violentos de verdad no les permite intercambiar dos frases con un ciudadano sin sentirse amenazados y recurrir a la coacción violenta, y no que las órdenes que reciben son: echar a palos a toda persona que esté hablando con otra por la noche en cualquier punto de la ciudad.
Desde Bruselas, un sevillano indignado
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Fernando Díaz Ruiz
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Ley antibotellón,
represión municipal
lunes, 19 de febrero de 2007
Las denuncias avanzan
ANDALUCÍA.-Sevilla.- Tribunales.- Hoy declaran tres jóvenes que denunciaron al alcalde y a la Policía Local por un altercado
SEVILLA, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -
El Juzgado de Instrucción número 12 de Sevilla ha abierto diligencias y ha citado a declarar hoy a tres de los jóvenes, dos chicas y un chico, que interpusieron una denuncia contra el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el concejal de Gobernación, Francisco Fernández, y varios agentes de la Policía Local por los altercados que tuvieron lugar el pasado 16 diciembre en La Alameda de Hércules de Sevilla por las protestas silenciosas contra el aplicación de la 'Ley Antibotellón'.
Fuentes del caso explicaron a Europa Press que los denunciantes, V.R.C., J.A.M. y A.S.F han sido citados a las 12.00, 12.15 y 12.30 horas para adjuntar los partes de lesiones y declarar ante el juez sobre los hechos sucedidos durante ese día, en el que supuestamente fueron golpeados "sin justificación por unos agentes". De igual modo, solicitarán que se una su denuncia a la que presentaron otros tres jóvenes ese mismo día y por los mismos hechos, que está llevando otro juzgado.
Según consta en la denuncia, a la que tuvo acceso Europa Press, los jóvenes se encontraban caminando entre las calles Joaquín Costa y la calle Belén "en silencio y sin ningún tipo de bebida alcohólica" cuando, tras pasar junto a un grupo de policías locales, sin previo aviso comenzaron a ser "golpeados por la espalda con porras y escudos" presuntamente por estos agentes.
En ese momento, siempre según los denunciantes, una de ellas le preguntó a un policía "¿por qué le había golpeado seis veces por caminar por la calle?", a lo que el agente presuntamente le respondió "¿quieres la séptima?".
Los jóvenes vieron entonces cómo salía un grupo de unos 20 policías locales cargando "contra cualquier persona con la que se cruzaran por el camino". Asimismo, recogen en su denuncia que "justo al lado de la comisaría de la Policía Nacional, varios jóvenes fueron alcanzados por un grupo de agentes "que los golpearon repetidamente".
Para los jóvenes los hechos constituyen un delito de lesiones, además de un delito previsto en el artículo 514.4 del Código Penal que castiga a quien impida por la vía de hecho el ejercicio del derecho de reunión o perturbe gravemente la celebración de una reunión.
De igual modo, ese mismo día otros tres jóvenes, miembros de la Asamblea en defensa del espacio público, presentaron una denuncia contra la Policía Local, el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el delegado de Gobernación, Francisco Fernández, por la "brutal" actuación de los agentes municipales que, según el colectivo, "la emprendieron violentamente a golpes" cuando celebraban una concentración silenciosa "sin armar jaleo, disfrutando con juegos populares en la zona de la Alameda de Hércules de la capital hispalense".
SEVILLA, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -
El Juzgado de Instrucción número 12 de Sevilla ha abierto diligencias y ha citado a declarar hoy a tres de los jóvenes, dos chicas y un chico, que interpusieron una denuncia contra el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el concejal de Gobernación, Francisco Fernández, y varios agentes de la Policía Local por los altercados que tuvieron lugar el pasado 16 diciembre en La Alameda de Hércules de Sevilla por las protestas silenciosas contra el aplicación de la 'Ley Antibotellón'.
Fuentes del caso explicaron a Europa Press que los denunciantes, V.R.C., J.A.M. y A.S.F han sido citados a las 12.00, 12.15 y 12.30 horas para adjuntar los partes de lesiones y declarar ante el juez sobre los hechos sucedidos durante ese día, en el que supuestamente fueron golpeados "sin justificación por unos agentes". De igual modo, solicitarán que se una su denuncia a la que presentaron otros tres jóvenes ese mismo día y por los mismos hechos, que está llevando otro juzgado.
Según consta en la denuncia, a la que tuvo acceso Europa Press, los jóvenes se encontraban caminando entre las calles Joaquín Costa y la calle Belén "en silencio y sin ningún tipo de bebida alcohólica" cuando, tras pasar junto a un grupo de policías locales, sin previo aviso comenzaron a ser "golpeados por la espalda con porras y escudos" presuntamente por estos agentes.
En ese momento, siempre según los denunciantes, una de ellas le preguntó a un policía "¿por qué le había golpeado seis veces por caminar por la calle?", a lo que el agente presuntamente le respondió "¿quieres la séptima?".
Los jóvenes vieron entonces cómo salía un grupo de unos 20 policías locales cargando "contra cualquier persona con la que se cruzaran por el camino". Asimismo, recogen en su denuncia que "justo al lado de la comisaría de la Policía Nacional, varios jóvenes fueron alcanzados por un grupo de agentes "que los golpearon repetidamente".
Para los jóvenes los hechos constituyen un delito de lesiones, además de un delito previsto en el artículo 514.4 del Código Penal que castiga a quien impida por la vía de hecho el ejercicio del derecho de reunión o perturbe gravemente la celebración de una reunión.
De igual modo, ese mismo día otros tres jóvenes, miembros de la Asamblea en defensa del espacio público, presentaron una denuncia contra la Policía Local, el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el delegado de Gobernación, Francisco Fernández, por la "brutal" actuación de los agentes municipales que, según el colectivo, "la emprendieron violentamente a golpes" cuando celebraban una concentración silenciosa "sin armar jaleo, disfrutando con juegos populares en la zona de la Alameda de Hércules de la capital hispalense".
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lunes, 29 de enero de 2007
EL VIDEO DE LA INFAMIA
Este video sólo refleja un poco de las muchas cosas que vienen pasando en la Alameda de Hércules con la excusa de la llamado ley anti-botellón.
Merece la pena verlo para darse cuenta de la absoluta falta de profesionalidad de la policía local de Sevilla para ejercer como unidad antidisturbios. La manera chulesca en que tratan a las personas, los insultos gratuitos, el desprecio al ciudadano. Está claro que el responsable es quién los manda a hacer eso, quien no lo investiga ni lo castiga nunca. Una imagen valiosa que exige una reflexión sin duda.
Ya no son sólo las palabras de los que estamos allí. Y eso que el video muestra una mínima parte nada más. Alcalde y concejales deberían ser capaces de opinar algo. O no.
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lunes, 15 de enero de 2007
REPRIMIENDO A LOS DISIDENTES
El derecho a la crítica política es la base de un sistema democrático, sólo con la crítica los ciudadanos pueden controlar a quien ejerce el poder, sugerir cambios o decidirse por nuevas opciones. En democracia el poder no es de quien lo ejerce temporalmente, sino de la sociedad de la que emana. Estos principios tan básicos se olvidan a menudo en nuestra ciudad. No sólo por Alfredo el represor, sino incluso por los propios ciudadanos.
Que el señor Monteseirín o cualquier otra persona sea provisionalmente Alcalde de nuestra ciudad no le da poder para intimidar, silenciar o reprimir a quien disienta en cualquier punto de su gestión. Ya se sabe que a nuestros regidores les sientan fatal las críticas, lo que no debemos habituarnos a ver como normal es que intimiden sin motivo a cualquier voz crítica.
Sábado por la noche. Alameda de Hércules. Una decena de policías locales disfrazados de antidisturbios, estrenando como pavos reales sus escudos y cascos se pasean entre la poca gente que toma alguna copa fuera de los bares. Con modales impropios de quien debe servir a la ciudadanía echan a seis o siete personas que tienen vaso en las manos al interior de los locales. Los botellines de cerveza que encuentran con algún resto de líquido, los vacían. Esta vez no la toman con los grupos que simplemente pasean o charlan en la calle.
Un joven activista, indignado por la actitud chulesca y agresiva de los supuestos policías se coloca a su lado repartiendo a los ciudadanos octavillas donde se les informa de sus derechos. Mucha gente se acerca a recogerlas.
Un policía local, indignado, le exige el DNI. Cuando el muchacho pregunta para qué, le dice “para comprobar si tiene antecedentes”.
Los agentes de la autoridad, en nuestro sistema jurídico, sólo pueden exigir que se identifique a quien sospechen que pueda cometer un delito. La práctica de incluir en ese grupo a quien esté repartiendo octavillas críticas con el alcalde, la política municipal o los excesos de la policía local es inaceptable. Los señores disfrazados de robot que tanto desentonan en la ciudad tranquila están en verdad amedrentando y persiguiendo cualquier voz crítica. Se envalentonan, agraden con su tono de voz y su actitud amenazadora más allá de sus potestades de servicio.
Evidentemente, el máximo responsable –por acción por omisión- de esas actitudes contrarias a los derechos fundamentales es el Alcalde. Una vez más, Alfredo el represor se hace el dueño de las calles. Alfredo encarga informes policiales de quienes lo critican, exige o permite que se amedrente a cualquier opositor y sin duda cada día se vuelve más autoritario.
Mientras se lo permitamos.
Que el señor Monteseirín o cualquier otra persona sea provisionalmente Alcalde de nuestra ciudad no le da poder para intimidar, silenciar o reprimir a quien disienta en cualquier punto de su gestión. Ya se sabe que a nuestros regidores les sientan fatal las críticas, lo que no debemos habituarnos a ver como normal es que intimiden sin motivo a cualquier voz crítica.
Sábado por la noche. Alameda de Hércules. Una decena de policías locales disfrazados de antidisturbios, estrenando como pavos reales sus escudos y cascos se pasean entre la poca gente que toma alguna copa fuera de los bares. Con modales impropios de quien debe servir a la ciudadanía echan a seis o siete personas que tienen vaso en las manos al interior de los locales. Los botellines de cerveza que encuentran con algún resto de líquido, los vacían. Esta vez no la toman con los grupos que simplemente pasean o charlan en la calle.
Un joven activista, indignado por la actitud chulesca y agresiva de los supuestos policías se coloca a su lado repartiendo a los ciudadanos octavillas donde se les informa de sus derechos. Mucha gente se acerca a recogerlas.
Un policía local, indignado, le exige el DNI. Cuando el muchacho pregunta para qué, le dice “para comprobar si tiene antecedentes”.
Los agentes de la autoridad, en nuestro sistema jurídico, sólo pueden exigir que se identifique a quien sospechen que pueda cometer un delito. La práctica de incluir en ese grupo a quien esté repartiendo octavillas críticas con el alcalde, la política municipal o los excesos de la policía local es inaceptable. Los señores disfrazados de robot que tanto desentonan en la ciudad tranquila están en verdad amedrentando y persiguiendo cualquier voz crítica. Se envalentonan, agraden con su tono de voz y su actitud amenazadora más allá de sus potestades de servicio.
Evidentemente, el máximo responsable –por acción por omisión- de esas actitudes contrarias a los derechos fundamentales es el Alcalde. Una vez más, Alfredo el represor se hace el dueño de las calles. Alfredo encarga informes policiales de quienes lo critican, exige o permite que se amedrente a cualquier opositor y sin duda cada día se vuelve más autoritario.
Mientras se lo permitamos.
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lunes, 1 de enero de 2007
EL VIOLENTO ALFREDO
A principios de diciembre entró en vigor la ley 7/06 del Parlamento de Andalucía sobre potestades administrativas en materia de determinadas actividades de ocio en los espacios abiertos de los municipios de Andalucía. Es lo que interesadamente se ha llamado "Ley Antibotellón".
Se trata de una norma aprobada por el PSOE de Andalucía utilizando su habitual técnica del rodillo. La ley es deliberadamente ambigua. El artículo 3 de la ley establece que queda prohibido "La permanencia y concentración de personas que se encuentren consumiendo bebidas o realizando otras actividades que pongan en peligro la pacífica convivencia ciudadana fuera de las zonas del término municipal que el Ayuntamiento haya establecido como permitidas." Evidentemente, la norma no aclara qué actividades ponen en peligro la pacífica convivencia y, a cambio, faculta a los municipios para prohibir, sancionar y suspender las actividades de ocio ilegítimas.
Nuestro querido Alcalde, deseoso -ahora que se acercan las elecciones- de calmar a los vecinos molestos con la botellona, ha intentado dar imagen de mano dura al amparo de esta ley.
Evidentemente el Alcalde no sabe o no quiere acabar con la botellona. No le preocupa resolver el problema, sino dar buena imagen ante los sufridos vecinos. Por eso su primera actuación ha sido enviar a la policía municipal, armada de material antidisturbios, a aporrear a todo ciudadano que pasee por las calles del centro más allá de la una de la madrugada.
Así ha conseguido imágenes de violencia policial que mucho vecinos identifican con rigor y eficacia frente a los botellones. Sin embargo es una imagen absolutamente falsa e indudablemente ilegal.
La policía municipal no ha intervenido preferentemente en los sitios donde realmente hay botellona (el Salvador, el Prado, Sevilla Este, El Chile) sino en sitios donde hay bares y es más fácil conseguir esa foto de rigor que buscaba el violento Alfredo: básicamente en la Alfalfa y la Alameda.
El violento Alfredo ha actuado como actúan las bestias, ciego y a golpe y porrazo.
Lo que los ciudadanos deberían saber es que en estos cuatro años Alfredo el bruto no ha utilizado las potestades que tiene para acabar con las consecuencias molestas del botellón. La policía municipal puede sancionar perfectamente -sin necesidad de leyes estúpidas e inconstitucionales- a quien deja basura en la calle, a quien se orina en las puertas ajenas, a los coches-discoteca con música incorporada. Pero no lo hace. Ha permitido que el problema crezca y ahora lo quiere resolver, de cara a las elecciones, con fotografías de policías, con pura imagen. Y encima atacando los derechos de otros ciudadanos que, a menudo sin molestar a nadie, no hacen más que pasear por las calles a las horas en que el violento quiere establecer su particular toque de queda electoral.
Una farsa violenta y ridícula contra la que nadie se pronuncia desde el Ayuntamiento, porque no da votos defender los derechos. Los votos los dan las apariencias, creen todos ellos.
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