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domingo, 15 de febrero de 2009

basura subterránea

El nuevo y mordenisimo sistema subterráneo de recogida de basuras de la Alameda de Hércules es  tan falso, tan de cartón piedra como todo el resto de la obra. No es un sistema neumático que facilita la recogida sino exclusivamente...una serie de ascensores que esconden contenedores de plástico de los de toda la vida. Cada noche sube el ascensor y pasa en camión de la basura. Lo de esconder la mierda parece que es una norma básica de cualquier político.
 

martes, 25 de septiembre de 2007

VADE RETRO, DI SEÑO!

Cuando alguien te tiene tirria nunca sabes a priori si le va a dar por acusarte de pijo o de arrastrao, pero puedes estar seguro de que te va a acusar de retrogrado. Ser retrogrado no es que te guste la moda popera retro, ni que tengas la cabeza fria varios grados por debajo del resto, que va. Retrogrado significa que tu cabecita se quedó parada en el pasado y no avanza con el ritmo debido. Según dicen lo mismo son retrógrados los fachas que cantan sevillanas que los comunistas anclados en el pasado que los señores rancios que los hipis desfasados. En fin que todos siempre, menos el que acusa, son retrógrados; él en cambio es moderno, actual. La tiranía de la modernidad.
Sevilla es un poco casposa por todos lados, así que aquí lo retro sale por demasiados poros. Pero si juntas concejales, dueños de periodicos, hosteleros y policias municipales, a veces la caspa desborda ligeramente. No ya por ellos, sino por sus ideas.

Dos mil quinientas sillas en la alameda, señora! Ya está aquí el veladórdromo! subvenciones para homologar las sillas, oiga! En fin ya no se sabe qué decir: ¿qué es más retrógrado, el diseño matatascas o las sillas de falso bulevar que quiere ponernos en la plaza? A saber.

Los bares de supuesto diseño llegan a ser cargantes y en el fondo son todos copias unos de otro, globalización a pequeña escala que vende mucho más que los bares de barrio (ojo, que -eso sí- las tascas se mueren de que no entra gente y el cutrebar del ikea está lleno). Pero las sillitas de falso mimbre en tono clásicosevillano van a tener su gracia.

En fin, que ni la Alameda ni la calle en sí misma es un problema, ni algo que haya que regular. La calle es pa usarla. No he dicho venderla, no, sino usarla. Habrá bares, habrá gente que se junta, o que juega, habrá quien pasa y quien vive ahí, pero eso es la calle: el único sitio de encuentro. Un bien común, no privativo. Mucho más real que el internet ese de los cojones. La manía de poner reglas a todo acaba por cargarse cualquier movimiento espontáneo. Las relaciones no se regulan, se crean día a día por la autogestión de la gente.

El futuro de la Alameda (que tampoco es el centro del mundo mundial) es ejemplo del mejor modo de cargarse la ciudad; no sólo la ciudad física, sino la humana: 1-quitas el albero porque un paisajista dice que la ciudad debe ser cemento y diseño. 2-Como eso trae botellon, mandas a la policia a pegarle a los chavales. 3-Como la gente protesta y presumo de ser de izquierdas monto bares en vez de botellon. Da igual que lo de los miles de sillas fuera un globo sonda (sonda como las que te colocan para cagar? por ahi nos dan?), un invento de los hosteleros representativos o una promesa del alcalde. La idea en sí es significativa.

Y entre medio parece que alguien tiene que decidir qué tipo de relaciones van a crearse en la plaza: decidir que la gente no se pare, o que paguen por estar en los bares, o que puedan o no jugar...en fin, lo de siempre, decidir en lugar de la gente en vez de abrir los espacios, mantenerlos como algo común y...dejar el uso en manos de la autorganización social.

Pero todo de diseño. Y quien diga que no (o que sí, quien opine, coño!) es otro retrógrado. Bienvenido al club.

lunes, 19 de marzo de 2007

RASCA, RASCA...AL CIELO MISMO

COMUNICADO DEL COMITÉ ESPAÑOL DE ICOMOS ANTE EL PROYECTODE CÉSAR PELLI EN SEVILLA
El anuncio de la construcción de un edificio de 178 metros de altura en Sevilla, muy próximo al límite del conjunto histórico y al Monasterio de la Cartuja, ha causado una profunda preocupación en el Comité Nacional Español de ICOMOS. Durante los últimos años, Sevilla es una ciudad que ha llamado la atención de este Comité por numerosos procesos muy agresivos para el patrimonio de la ciudad: obras en la plaza de la Encarnación; actuaciones relacionadas con la instalación del tranvía denominadometrocentro (tanto en lo relacionado con los restos arqueológicos aparecidos, como en la eliminación de una buena parte del arbolado de la zona por la que atraviesa en el centro histórico); criterios utilizados en la rehabilitación del palacio de San Telmo, generalización del fachadismo y aumento de volumetrías en la rehabilitación de edificios, etcétera. Laconstrucción de un rascacielos de dichas dimensiones evidencia un cambio en el modelo deciudad que no se reflejaba en el reciente Plan General de Ordenación Urbanística delmunicipio y la perspectiva de un nuevo paisaje urbano. Esta propuesta aparta a Sevilla delconjunto de ciudades medias europeas, especialmente de las ciudades con un ricopatrimonio cultural. Éstas, habitualmente, basan su calidad ambiental y urbana en su escala histórica y en los hitos ya definidos, al menos en sus centros históricos y proximidades, por piezas arquitectónicas valiosas y de rotundo protagonismo en el escenario de la ciudad(Florencia, Estrasburgo, Praga o Berna). Se caracterizan por un riguroso y prudente cuidado en la introducción en su entramado de obras de cualquier tipo que puedan trastornar un paisaje equilibrado y armónico, producto de siglos y que, sin embargo, puede ser alterado con una sola y desafortunada intervención. Los procesos de globalización económica mundial están teniendo un efecto muy negativo en algunas culturas locales y, sobre todo, en las claves patrimoniales de muchas ciudades que parecen renunciar a los valores patrimoniales propios, para convertirse en poblaciones que poseen siempre el mismo modelo constructivo (rascacielos de cristal, acero y hormigón), inspirado en los centros de negocios de las ciudades estadounidenses, que hanbanalizado y homogeneizado la imagen de muchas ciudades del planeta. Shangai, Denver,Auckland, Johannesburgo o Sao Paulo poseen un paisaje urbano clónico, indiferenciado ycon escasa identidad propia. El paisaje cultural de la ciudad histórica europea es único encada ciudad e irrepetible. Sevilla ha sufrido una importante pérdida de recursos patrimoniales en la segunda mitad delsiglo XX, pero aún mantiene una singularidad inconfundible gracias a que las alteraciones de sus perfiles urbanos han sido menores. Construir este rascacielos no es sólo en sí unimpacto y un cambio de modelo urbano, sino que dará argumentos a la construcción de nuevos rascacielos y a que el protagonismo del escenario urbano se desplace desde los hitosde verdadero valor histórico, patrimonial, colectivo e identitario, hacia otros que copian sin, obviamente, convertir a Sevilla en Nueva York o Chicago. Esta propuesta refleja unav aloración implícita en su ideología pero explícita en la imagen de la ciudad de la creciente potencia de los valores económicos, privados, ajenos a la trayectoria histórica y cultural de la ciudad y de la región y, sobre todo, extraños en una ciudad que nunca ha privilegiado en su imagen este tipo de identidades. Se ha tachado a Sevilla, y con toda la razón, dedisfrazarse de sí misma en sus barrios más turísticos, con un producto que la aleja de laa utenticidad (sobre todo en el entorno de Santa Cruz); ahora parece que Sevilla se disfracede otro perfil de ciudad que aún está más lejos de crear y consolidar una ciudad basada en sus valores auténticos.Este Comité recomienda que los responsables municipales, los autonómicos de Cultura yUrbanismo, así como los promotores de este inmueble reflexionen sobre las consecuenciasde su construcción y les solicita las premisas y planteamientos conceptuales y legales conl os que ha contado César Pelli para intervenir en una ciudad de marcado carácterp atrimonial y que posee tres bienes que forman parte de la Lista del Patrimonio Mundial ycuya percepción paisajística, especialmente del hito por excelencia de la ciudad, la Giralda, se verá profundamente alterada al confrontarse, inevitablemente, con la proyectada nueva edificación de mayor altura. Este Comité recuerda que la Giralda posee un renombre yreconocimiento universal y que, la nueva torre, sin entrar a valorar la calidad del proyecto,muy difícilmente podrá sobresalir tanto en el campo de la arquitectura actual, por muy renombrado que sea el arquitecto que lo proyecta, sino que probablemente no pasará de unedificio de media calidad que no sobresaldrá entre el sinfín de estos inmuebles que proliferan en las grandes metrópolis del planeta. Ni Sevilla es una metrópolis, ni necesita serlo para asegurar la calidad de vida de sus ciudadanos y, sobre todo, no precisa de impactos tan profundos para competir y situarse entre las ciudades más innovadoras y creativas. Sevilla puede prescindir sin renunciar a nada de este tipo de estructuras que la hacen víctima de una incierta nostalgia de una pretendida modernidad. Esta modernidad se consigue de otra manera en las ciudades europeas, y no es la altura de los nuevos edificios la que la determina, sino otros aspectos también cuantitativos, pero sobre todo culturales y cualitativos, que expresan mejor que con el lenguaje economicista y financiero de los rascacielos, el espíritu abierto, la capacidad creativa que busca nuevas formas de hacer ciudad y la apertura hacia nuevos modelos territoriales y urbanos más sensatos, justos y equilibrados. En Ámsterdam, Copenhague, Hamburgo, Bolonia o Estocolmo, lamodernidad se hace patente no en la escala de sus edificios, sino en la armonía de su conjunto, en su concepto de ciudad entendida como un todo en encomiable sintonía con su entorno y en la forma en que estas ciudades, y la inmensa mayoría de las del continente, saben reconocerse en el modelo de ciudad europea, tal vez la mejor y más elevada, aunque no medida en metros de altura, expresión de la cultura y civilización de esta parte del planeta.Respecto a los promotores de la obra, las dos cajas de ahorro provinciales en proceso de fusión, se les recuerda su papel de referencia social y cultural. Sus actuaciones deben servir de paradigma en todas las facetas socioeconómicas, por lo que no parece aconsejable optar por la imagen que dan de sí los grandes bancos privados -que atienden prioritariamente a los intereses de sus accionistas- en las grandes metrópolis mundiales, sino que se acomodena las claves de la modernidad y vanguardia cultural que asumen otras entidades de claravocación colectiva y social en las ciudades europeas. Ante la gravedad de la operación que parece contar con los beneplácitos de las autoridades municipales y autonómicas, nos ponemos a su disposición para aclarar criterios de actuación y, en todo caso, recomendamos muy fehacientemente, además de las cuestiones ya señaladas, la conveniencia de que se cree un consejo de expertos en paisaje cultural que valore el impacto de esta actuación. Si para la elección del edificio se ha optado por un concurso de ideas internacional en el que, además de los propietarios del suelo, se ha incluido un selecto grupo de expertos en arquitectura en su valoración como proyectoconcreto, ahora es imprescindible un informe realizado por expertos en conservación del patrimonio cultural, en especial del declarado Patrimonio Mundial, y paisajistas en ámbitospatrimoniales de la misma talla (desde distintos perfiles profesionales como exige la gestióndel patrimonio) que dictaminen sobre el impacto paisajístico del inmueble proyectado.Conviene no olvidar que la citada presencia en la Lista del Patrimonio Mundial de tres monumentos de Sevilla comporta, según la Convención del Patrimonio Mundial, laconservación de su autenticidad e integridad y esto no solo afecta a la edificación propiamente dicha, sino a los valores culturales inmateriales implicitos en ellos (relaciónarmónica con el entorno próximo y lejano, visuales, conservación de los ambientes, delperfil urbano y del paisaje, etc.). El conjunto de la ciudad, el paisaje de Sevilla, a la postre,es mucho más importante que optar por la calidad del diseño de un solo edificio,especialmente cuando la relación visual de esta ciudad se verá irrevocablemente alterada.
Madrid, 5 de marzo, 2007Vº BºLa Presidenta de ICOMOS EspañaMaría Rosa Suárez-Inclán Ducassi

lunes, 26 de febrero de 2007

EL NUEVO ÁRBOL

Una vez talado el inmenso plátano junto a las columnas de la alameda, se sustituye por este precioso arbolito. Gracias, Alcalde. Todos somos contingentes, pero tu eres necesario.

lunes, 19 de febrero de 2007

De saca nada, más árboles cortados


El sábado la prensa local informaba de que se estaban "sacando" árboles en la Alameda de Hércules dentro del proyecto de reurbanización de la zona. Pues bien, no se trata sólo de que está demostrado que los árboles así sacados mueren la inmensa mayoría de las veces (qué locura la que hicieron con el "paseillo", los árboles inmensos y variados que configuraban un pequeño parque en torno a la estatua de la Niña de los Peines, al principio de la Alameda. En el primer ataque arboricida del Ayuntamiento enlosaron el albero, quitaron los bancos y arrancaron esos árboles inmensos que luego murieron..así empezó Alfredo su cruzada contra las plantas), sino que en verdad no hubo tal saca.

Cualquier paseante pudo ver al día siguiente por la mañana los restos del árbol "sacado": un precioso castaño de indias troceado y convertido en leña. En su lugar plantarán arbolitos desangelados que crecen rápido, apenas dan sombra y nada tienen que ver con la historia de la ciudad. exactamente igual que Alfredito el arboricida.

martes, 16 de enero de 2007

ALAMEDA Y PRESUPUESTOS PARTICIPATIVOS

Frente a las palabras, los hechos. Y frente a explicaciones confusas, los carteles. Llegando ya las elecciones, las obras de destrucción de la Alameda de Hércules se han trufado de carteles anunciando un supuesto futuro rosa. La idea es que el ciudadano s epueda hacer una idea de cómo quedará la antigua Alameda, una vez reconvertida en una llanura de cemento. La reconstrucción virtual muestra un espacio de suelo amarillo que nunca existirá, porque los adoquines de cemento pintados de amarillo se vuelven grises al día siguiente de colocarse, evidentemente. Toda la almeda es, en el dibujo, puro cenmento. Hay huecos redondeados y reducidos para los árboles, que surgen del cemento como elementos minimalistas aislados. No hay una gota de verde, más allá de la copa de los árboles. Ni una pizca de tierra, ni un atisbo de planta...todo cemento.
El cemento amarillento se adorna con unos marmolillos tambien de cemento amarilleado que mojonean toda la plaza marcando carriles para el tráfico. Auténticamente horrorosos y inamovibles. Del mismo modo, el cartel se adorna con imágenes de los futuros usuarios de la alameda: señores con corbatas paseando solos y alguna familia con niños. Hace años, un amigo que venía de Madrid se maravillaba de las pocas corbatas que se ven en Sevilla. Pues se acabó, en la nueva alameda se podrá pasear con corbata. En mitad del cemento habrá un par de fuentes "planas" de las que no tienen cuba, d emanera que a veces algun distraido paseante se mete en ellas.
La alameda no la han convertido en un parque agradable, como hicieron con el Prado de San Sebastián. Ni se han pensado la posibilidad de dejar dos anchas aceras de cemento enlosado y respetar un paseo central verde, con plantas, tierra y aire, que es lo que habrían hecho en París (una de las capitales con más parques por metro cuadrado del mundo), en Copenhague o en cualquier sitio civilizado. Sólo cemento. Semipintado de amarillo, pero cemento.
Lo peor de esta atrocidad es que los carteles nos informan de que la obra se decidió en el proceso de presupuestos participativos. Nada podia ser más triste. Una idea tan atractiva, tan necesaria como los presupuestos participativos que al final se ha quedado en un bluf del que nadie se atreve a hablar. La oficina de los presupuestos ha gastado más dinero en autobombo y presumir que en promover auténticos mecanismos participativos. Atemorizados porque pudieran servir para bloquear sus políticas, las huestes de IU coparon esas asambleas semiclandestinas en las que se decidía todo. Han sido procesos poco participativos, sin suficiente inversión en promover la participación concreta y real en cada barrio, cobardes por miedo a los grupos de presión, vendidos a los chiringuitos de un partido que habla de democracia participativa pero vive en la dictadura estalinista (terrible ejercicio estalinista la manera de confeccionar sus listas al Ayuntamiento, por ejemplo).
Lo que se anunció como un proceso ilusionante por crear una ciudad más democrática, más igualitaria, con menos líderes y jerarquías se ha quedado en un ejercicio cosmético que sirve para justificar atrocidades como la de arrasar con la Alameda.

lunes, 1 de enero de 2007

LA INVASIÓN DE CEMENTO

Poco a poco, una inmensa capa de cemento fue ocupando el suelo de la ciudad. Alfredo el arboricida no dudó ni un momento a la hora de enlosetar hasta el último resquicio de verde en la ciudad. Guiado por sus expertos paisajistas educados en la Universidad zen minimalista decidió que las zonas verdes han de estar en las afueras y con esmero se dedicó a borrar cualquier mancha verde de los mapas del centro. Arrasó los naranjos centenarios de la plaza de la Virgen de los Reyes porque los paisajistas querían ver la fachada del Palacio arzobispal. A punto estuvo de arrasar también hasta el último árbol de delante del Parlamento para enseñar el hospital de las cinco llagas. Que el verde no tape ninguna piedra, es su lema.
Dejó sin sombra de árboles la avenida de la Constitución, igual que quitó los toldos de la calle tetuán, que al fin y al cabo eran tan sólo varios siglos de herencia de los zocos árabes: cambió los entoldados que bajan hasta diez grados la temperatura por unos parasoles absurdos que dan apenas sombra calurosa, consejo de paisajistas.
En la plaza nueva quitó el asfato...pero también los setos. Dejo tres parterres diminutos y vallados y la plaza es ahora una extensión inmensa de cemento... si hubiera desfiles militares en Sevilla, Alfredo les daría la bienvenida en su plaza de cemento.
Por fin, alguien en el Ayuntamiento vio que aún en los planos aparecía una gran macha verde. Era la Alameda de Hércules. Sin perder un minuto, con paisajistas de por medio, procedió: una extensión inmensa de adoquines de cemento en la que los árboles son sólo palos que salen del cemento, sin un hueco de verde a ras de suelo, sin una mota de tierra....
La alfombra de cemento será su herencia más querida, y más permanente. Se cargó la ciudad para hacerla más catetamente modernilla y mucho menos habitable.